domingo, 30 de abril de 2017

UN DOMINGO







Un DOMINGO


Un domingo lento de gatos negros
Sumergidos en un largo sueño.
La tarde cae perezosa y brillante.
Sin pedir permiso, toda la luz pasa.
El gato usa la pata para tapar su cara.
La brisa ríe leve.
La cortina de elaborado encaje, baila.
Un agitado móvil, canta un aria.
El horizonte muestra los vestidos de la montaña.
Claroscuros y sombras.
Pinceladas nimbadas.
Rebaños de fino encaje
Dan forma y color a la falda.
El profundo escote
Capitula en un collar de cascada.
El dorado refulge en toda la trama.
Es un domingo cualquiera
Que muere 
en los brazos de Caracas.






domingo, 23 de abril de 2017

SOÑAR







SOÑAR





¿Cómo se provocan los sueños?

¿Tomando un vaso de agua con cucharadas colmadas de azúcar disuelta?

¿Recorriendo descalza la casa mientras evoco el consejo de mis ancestros?

Percibirlos tan lejos y tan cerca.

Siempre estás donde te busco, abuela.

¿Ita?

¡Hoy quisiera soñar contigo!

Regresaremos a las rosas, a los grandes helechos, al elegante moriche, al canto nocturno incesante de sapitos y grillos, al suelo verde sediento.

 ¿Te ayudo a regar las matas?
Mojaré mis pies con la más refrescante agua.

Pasa un lagartijo corriendo.

Recorreremos juntas tu reino.

El carpintero comienza su acostumbrado picoteo.

Retiras la maleza con regaños, con sumo cuidado para no arrancar el trébol.

Un cigarrón amarillo aterriza en el agujero
que hizo en un madero.

Acaricias las flores nuevas.
Te enorgullece la colección de orquídeas,  coquetas y violetas.

¡Cuidado! Hay un hormiguero cerca.

Me arrulla escuchar de nuevo tu voz, así me digas:
" ¡Toque con los ojos, nena! "

Percibiré el perfume que siempre traes de la cocina.
Despides aroma de suspiros con cilantro y sopa de gallina.

Te admiras ante un hermoso ramo de clavellinas.

Una vecina se acerca a ti para felicitar la belleza de tu jardín.
Agradeces contenta.

El cielo se escandaliza con las guacamayas.
Tus loros replican.

Naufragaré en tus espléndidas manos, pintadas con el onoto que te gusta usar para pintar la harina.

Tu bata, siempre llena de salpicaduras de comida,
es deliciosa morada.

Canta tu querido arrendajo y el turpial te llama.
Apuras el paso para cortar sus naranjas.

Traes tierra abonada para sembrar una hermosa planta.

Tu adorado perro permanece fiel a tu lado.
"Peludo" te mira y agita la cola. Nunca te abandona.

Sostenerme como aquella niña que se adosaba a tu pecho,
evita que caiga rendida, como hacen los muertos.














LA VISITA DE LA BELLEZA







LA VISITA DE LA BELLEZA



La luz resplandeciente del sol del mediodía, se derramaba por la ventana e inundaba todo el laboratorio.

Agradecí tener aquella majestuosa compañía.

Los enormes mesones y las paredes blancas, refulgían.

El aroma de una varita encendida de incienso de rosa y miel, complementaba perfectamente aquel ambiente, convirtiéndolo en un lugar de deliciosa paz.
 
Regreso la vista al trabajo, luego de admirar durante un minuto aquella maravilla. Me entrego a la tarea de ordenar un poco mis libros, organizo el cuaderno nuevo de notas -me divierte usar  lapiceros multicolores- hago todo mientras mastico con desgano un soso almuerzo.

Me decepciona la falta de sal de una seca carne mechada y una arepa fría delgada.

 ¿Por qué mamá será tan pichirre con la masa?.

Un bocado era más difícil de tragar que el anterior.

En una de aquellas desagradables degluciones, me sorprendió la visita inesperada de la belleza, que complementaba aquella luz crepuscular de abril:

Un hermoso colibrí, entró intempestivamente por la ventana, mientras cantaba una preciosa melodía. Mantuvo su vuelo cercano a la lámpara durante unos pocos segundos. Allí pude observarlo con atención. 

Presentaba un precioso plumaje plateado, hermosa cola formada por un racimo de plumas platinadas alargadas, con una serie de puntos blancos en los extremos. Era de mayor tamaño que los colibríes que conocía.

¡Contemplaba extasiada aquel hermosísimo ejemplar!

Describir la sensación que en ese momento inundó mi cuerpo, incluiría una extraña mezcla de asombro y alegría. Tanto, que no pude contener las lágrimas.

Él también me observaba, mientras mantenía el rapidísimo movimiento de sus alas, sin cambiar de posición ni dirección.

Ambos nos escrutamos, inmóviles, en el espacio que ocupábamos.

De repente, la magia del momento terminó, cuando mi colibrí decidió seguir su acelerado vuelo hacia la puerta de salida de emergencia de la escuela.

Allí fue libre de nuevo, sin saber que me regaló uno de los mejores momentos de mi vida.