En
la Línea del Horizonte
Parte
III
Emma
Ants
2017
“La poesía, es la mejor manera que tengo para huir del
pensamiento”
MEDITACIÓN
Observo la
llama alargada
de una vela,
encapsulada
en una caja
de cristal.
Como largos
brazos,
veo la flama
estirarse,
temblar y bailar,
hasta crear
un delgado filamento.
Su reflejo
se repite
cuatro veces
en cada cara
de la caja.
Dieciséis
velas
en una llama.
Dieciséis
llamas
en una vela.
Doce
imágenes
aparentes,
nacen en el
cristal.
Una puerta
con cerrojo
que quisiera
soltar.
¿Doce
reflejos,
una imagen
real?
¿Podrán
escapar por la abertura
que les
brinda el aire vital?
ESCALOFRÍO
Este frío
extranjero,
no sabe de
bienvenidas.
Entra a
hurtadillas,
sigiloso e
inclemente.
Decidido a
estremecer
piel y
huesos,
con su mano
fina.
REFLEJO
Conexión
extraña,
impredecible,
y a veces
sorprendente,
la que
ofrece
el verso del
poema
en nuestro
espejo.
¿Será
condición
de nuestra
especie,
enhebrarnos,
como hilos
de delicada tela,
durante la
percepción
del mundo
que describe
el poeta?
EXTRANJERO
Vivir en un
país ajeno a la costumbre.
Extranjeros
en tierra madre.
Extraños
desarraigados
que pierden
significados.
Mirar al
cielo
buscando
azules y nubes.
El silencio
grita
en
abstracción aparente.
Se disimula
el dolor con
maestría.
Tormento,
ruido
y el eco de
la furia
contenida.
Cuerpos
cansados hacen fila.
Risas
cadavéricas
con tufo de
muerte.
Hay
nostalgia de guacamayas.
Atrás
quedaron sus diálogos enamorados
en pleno
vuelo.
Altera el
clima húmedo,
carente de brisa
fresca.
Las flores
esconden su belleza.
Abunda en la
oscuridad
la sombra.
Un río
plomizo desagua la vida
en rápida
corriente.
Metáfora
putrefacta
en la mirada
de una garza.
Los zamuros
picotean la carroña.
Disfrutan el
sabor de las vísceras.
La fiesta culmina
en la enorme
bocanada.
SABIDURÍA
En cada
alforja
un sueño.
En cada paso
infinitamente
pequeño,
una
sorpresa,
bajo la
forma de inusitada lección.
Servir
sin esperar
nada a cambio,
hará más
fluido el viaje.
Caminar
ligero,
desligarse de la esclavitud del tiempo.
Tener a los
pies
el espacio
preciso,
para abarcar
la luz que guíe
durante el
largo camino.
Enfocar a lo
lejos
una conocida
silueta.
JARDÍN
BOTÁNICO
La bestia,
salió repentinamente del bosque.
Una hermosa
isla verde en la ciudad.
Le
acompañaban cinco escuderos.
Emboscó,
apuntando su cabeza.
Exigió
resuelta, con inmensos ojos rojos.
La boca
delineaba un apurado garabato.
Sus labios
temblaban.
¡Cómo
temblaban!
Los dientes
apretados se quebraban.
Salivaba con
rabia.
Ella, sólo
podía ver su rabia.
El enjambre
aprovechaba
cada
fracción de segundo.
¡Interminables
segundos!
Se llevaron
lo que apetecían.
Dejaron tras
de sí lo mejor:
“Una vida
llena de sueños”.
Pobres almas
en pena.
Aliadas de la muerte,
donde la
bestia y sus escuderos
hallarán temprana
condena.
HOY
QUERÍA MALDECIR
Hoy quería
maldecir, al ver la fila de mendigos crecer.
Hoy quería
maldecir, al tropezar con utopías que saturan la realidad.
Hoy quería
maldecir, cuando un hombre con aspecto narcótico, ofrecía medicinas en un
puesto telefónico.
Hoy quería
maldecir, cuando un niño recogía migajas del piso para contener el hambre.
Hoy quería
maldecir, cuando comparaba los sueños de ayer, con la desesperanza cosechada
hoy.
Hoy quería
maldecir, mientras observaba el ambiente en acelerada descomposición.
Hoy quería
maldecir y fui atrapada:
La voz de la
amistad, se encargó de recordar, enfática,
mi propia
voz,
cada vez que
reniego de soltar una maldición.
MAZORCAS
Nos
desgranamos
y
convertimos
en semilla
estéril.
Nuestra
envoltura
se
fragmenta.
Vulnerabilidad
y miserias
expuestas.
LOS
NARANJOS
Ojalá
pudiera dormir desnuda
sobre nubes
de plumas.
Despertar en
la vereda
que llenaba
de risas los paseos en bicicleta.
Leonina
melena al viento, incisivos ausentes
y ojos
chispeantes.
Ampollas en
las palmas de las manos,
gracias al
inclemente yugo del manubrio.
La piel
rosada y fresca, ávida de sol y brisa.
Descalza.
Llevaba
pantaletas de encaje arrollado como flores.
Una muñeca
sucia, con ojos de botones rojos
y boca
bordada en punto de cruz.
Inolvidable
compañera.
Arañazos de
trinitaria morada,
dibujaban mis
brazos con cicatrices amontonadas.
La lengua de
suegra bordea la casa.
Verde,
crásula y afilada como una espada.
Espera para
cobrar una nueva travesura.
Veo venir un
frondoso ramillete de verbena,
sobre unas
amplias y ondulantes caderas.
¡Dios santo!
¡Es mi
abuela!

